30.10.12

do me a favor, open the door and let 'em in


Pasaban un programa sobre enfermedades. Algo que me late mucho de estudiar es perder esa ‘repugnancia automática’ por decirlo de alguna manera. Llega a consulta un muchacho con algo que después se sabe que es un hongo en las axilas, tenía hoyos y pedazos de carne le colgaban, pero el médico, con la ayuda del laboratorista, puede saber lo que es, cómo se da el contagio y cómo curarlo. No sólo no le huye al enfermo sino que es la persona que lo puede ayudar. Supongo que una de las recompensas del médico debe ser la sonrisa del paciente que se va recuperando. Ver que su estado de ánimo cambia.

En otro programa desos de jom an jelt, salió una ñora gordita. Comenzó a subir de peso después de los 13, dijo que la violaron, pero no entendí si fue antes o después de esa edad, lo cual sería importante para ver si comía compulsivamente para, al modificar su aspecto, evitar que las personas se le acercaran; pero bueno, el caso es que come compulsivamente. Al principio no quiere que la cámara la tome en ropa interior, está muy avergonzada de su cuerpo y dice que no quiere porque una persona delgada como el camarógrafo puede llegar a su casa y volver el estómago. Se mira a sí misma y dice llorando que cómo podría encontrar eso atractivo su esposo. Se casó, su esposo es bombero, dice que pensaba que ya no iba a haber nada para ella, pero que apareció él y como que la hizo volver a creer. En ese momento pensé ‘quizás ese hombre está con ella porque es lo que ella necesita’, quiero decir, no lo conozco, pero quizás tenga una personalidad protectora, amable y cariñosa, como si la vida le mandara lo necesario. Ojalá. Ella se quiere embarazar, pero para poder lograrlo, tiene que bajar de peso, por eso salió en el programa. En eso dice que quizás debería divorciarse de él, y no porque no lo quiera, sino porque si no estuviera con ella, quizás él ya tendría una familia. Cómo podemos por ser tan duros con nosotros mismos que nos quitamos incluso eso que puede estarnos haciendo bien, ese recurso que quizás es el que evita que nos vayamos a pique. Y no hablo con la superioridad del que ve los toros detrás de la barrera, sino que a veces vemos a una persona no tan sólo lastimarse, sino ensañarse consigo misma y decimos ‘ya por favor perdónese’. Ojalá podamos mutuamente enseñarnos a perdonarnos.

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