30.10.13

martes

Estábamos en un taller, así que había que hacer una coreografía. Después se invitó a los participantes a compartir lo que había sentido. Unos compañeros explicaron que no quisieron porque habían tenido un mal día. Una chica dijo que a pesar de que lo había hecho, no había podido evitar sentirse incómoda con la mirada de los chicos, que le contagiaban su apatía, a pesar de que respetaba su derecho a no participar. Uno de los que no quiso bailar dijo que ellos también respetaban el que ella bailara, pero que no debía importarle la actitud de los demás, “te debe valer lo que los demás piensen”, dijo.
Lo que yo considero la verdad es que se debe reconocer la mutua influencia. Si pudiéramos aislarnos del otro, ¿por qué existe el llanto, los gritos?, ¿cómo es que podemos saber si alguien está de malas o de buenas sin que nos lo diga?, ¿por qué las manifestaciones buscan socializar un problema? 

Sí, existen personas ególatras, con diferentes grados de narcisismo, que pueden ir desde la miopía hasta la ceguera respecto de las necesidades de los demás, pero el ser humano está hecho para reconocerse.

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