26.1.12

"no me mames de mi sebosa tecnocumbia"

La mayor parte de nuestros intelectuales provienen de la clase media, una clase disgustada consigo misma, al extremo de que desearía no existir. Algunos rompen con sus valores y logran escapar de ella, aunque sea en espíritu. Otros nunca pasan del esnobismo. Para ellos la literatura no es un medio de expresión, sino un club de acceso restringido. De dientes para afuera pueden asumir actitudes rebeldes, pero la mejor prueba de que no han trascendido su condición de niños bien es la importancia que conceden a los signos de prestigio cultural, equivalentes a la marcas de estatus en la esfera del consumismo pequeñoburgués.

E.S.

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