Terapéuticamente entendido como un espacio donde los miembros de tan distinguido clan dan rienda suelta a sus discrepantes ideas, teniendo como regla principal que se dirá lo que se quiera, cuando se quiera y como se quiera.
18.2.12
No dejes que mis lentes te engañen.
Me laten las explosiones de la gente, pero no de cualquiera, toparme con un imbécil, eso lo veo todos los días y no es más que su estupidez que se derrama. Ver a una feminista gritar o a un pinche ricardo exigir, eso no me sorprende nada y me recuerda la escena esa de problem child 2 donde el niño le mete unas calcetas a su abuelo en la boca para que deje de roncar.
En cuanto a mí, odio que piensen que mi vida es leer. Me meo en escribir bien y en los libros que hablan sobre libros.
Me gusta cuando ciertas personas, a quienes habíamos negado nuestra atención, respingan o con sus actos dicen ‘no me conoces, pendejo, porque crees que soy así o de esta otra manera, y en realidad desprecio eso que me adjudicas o por lo menos no es todo lo que me importa’; cuando no se ponen el uniforme que les asignamos y, con ello o a partir de ello, revelan algo interesante.
9.2.12
dos rolas pa lauriux.
justo hace rato me mie un ojo.
janette chao está guapa, cómo no, pero no es mi beat. me conformo con ella, 'ta, no le sobra ni le falta nada.
6.2.12
¿De verdad no se puede hacer nada en la situación actual?

(no encontré una imagen mejor)
Me parecía muy facilón por parte de las personas echarle la culpa de todos los problemas a calderón, pensaba "¿pero uds qué proponen?", y la legalización de las drogas por parte de algunos intelectuales se me hacía una propuesta igual de pendeja (por la razón de que la población, por todos los problemas sociales y psicológicos no me parece apta para hacer un uso, digamos, 'adecuado', de aquéllas). El librito me parece bien documentado y presenta un análisis muy interesante del problema.
Pondré más fragmentos del libro posteriormente, mientras dejo esto:
(entrecomillado aparecen algunos comentarios que dicen las caricaturas que aparecen en las viñetas)
En 1991, el teórico de la guerra, Martin van Creveld, publicó La transformación de la guerra, un libro que es lectura obligada de los oficiales de alto rango del ejército de EU. En él se plantea que, ante la inoperancia los grandes ejércitos, la población podría ser controlada mediante una guerra que manejaría una mezcla de propaganda y terror: las guerras de cuarta generación.
“En esta guerra, el principal campo de batalla es la cabeza de la población”.
“Todo parecido con lo que sucede en México en la era de Calderón son chingaderas”.
En las guerras de cuarta generación (también llamadas guerras asimétricas o guerras sin fusiles), las inoperancias militares son reemplazadas, o complementadas, por operaciones con unidades mediáticas y operativos psicológicos dirigidos por expertos en comunicación y psicología de masas.
Su objetivo es controlar ala sociedad mediante un bombardeo temático constante.
Entre las operaciones sicológicas básicas están:
1. Infundir miedo. Es la operación sicológica más vieja, y es más eficaz cuando se usa desde el poder.
“¡Te lo van a quitar todo! ¡Vana violar a tus hijas! ¡Son un peligro!”
2. Exacerbar el desánimo. Se promueve la idea de que luchar no tiene caso, de que no hay causas válidas y que toda lucha está derrotada de antemano.
“Por ejemplo, la idea de que todos los políticos son corruptos le sirve mucho…. a los políticos corruptos”.
3. La doctrina del shock. Para imponer medidas antipopulares se propagan noticias alarmistas; incluso algunos regímenes provocan hechos que desestabilizan a la población: se crea una crisis y como remedio se presenta la medida que se quiere introducir.
“Parece un disparate, pero, por ejemplo, para militarizar el país, podría declarar una guerra contra el narco”.
26.1.12
"no me mames de mi sebosa tecnocumbia"
E.S.
24.1.12
greña larga
chale, pensé que me iba a ver más loco, pero después de ver uno desos espejos desengañadores, se me hace que se me ve así:
pensaba eso hasta que hei me dijo 'está bien chistoso ese niño', que a mí me sonó a 'no teches flores, cabrón'.
22.1.12
"y con sus párpados me parpadeó"
entre paréntesis, qué cagado que muchos roqueros de los noventa renegaban del rock setentero y aquí el pinche reznor se echa un cover de led zeppelin en los créditos iniciales que no le llega ni a madrazos a la original. "es una versión diferente", ajá, sí, cómo no....
pero bueno, dejemos eso para hablar de lo mejor, la protagonista. chale, la neta se la sacó el fincher escogiendo a mara. es como esas morras que tratan de verse mal, pero no se puede, está muy chida, como decimos los que somos nacos.

el póster desde que lo vi me latió, aunque la neta, mejor quitaba al craig, que me cae....
acá hay otras fotos para vogue:


que conste que no me laten las mujeres con cuerpo de modelo (demasiado flacas pa'mí), pero esta morra se ve muy bien, aparte el fotógrafo se la sacó, bueno, y todo el estilo, desde el corte de cabello, hasta el vestido con el detalle del dragón.
chale, hablando de mujeres con cuerpo de modelo, qué mal pedo se me hace eso de que un tipo de belleza nos sea impuesta, eso me recuerda que cuando iba en la prepa había una morrita, a mí me pasaba, pero a los demás parecía no importarles, uno incluso me dijo una vez "'ta refea", chale, pero la veía y pensaba "nel, no lo está".
pero nunca dije nada.
qué wey.
19.1.12
27.11.11
días de combate
20.11.11
El cielo, el viento, la hierba, las vacas paciendo, el público, las voces de ánimo, el lago, las novelas, la verdad, el pasado, la memoria...,
todas esas cosas, nada tenían que ver conmigo.
«No soy un humano. Soy una pura máquina. Y, como tal, no tengo que sentir nada. Simplemente, avanzo.» Así me convencía a mí mismo.... Si hubiera pensado que era un ser humano vivo, de carne y hueso, posiblemente el dolor me habría hundido a medio camino. Ciertamente, allí estaba mi ser. Y también estaba la conciencia de mí mismo, que es inherente a él. Pero, en ese momento, yo me esforzaba por pensar que esas cosas no eran más que, por así decirlo, meras «formalidades de conveniencia». Era una extraña forma de pensar, una sensación rara. Y es que allí había un ser con consciencia intentando negar esa consciencia....
«No soy un humano. Soy una pura máquina. Y, como tal, no tengo que sentir nada. Simplemente, avanzo.» Repetí esas frases en mi cabeza una y otra vez como si fueran un mantra. Las repetí maquinalmente, en el sentido más literal del término. Y me esforcé en aislarme y en reducir todo lo posible el mundo que percibía en esos momentos. Lo único que yo veía eran, a lo sumo, los tres metros de terreno que tenía por delante. Más allá no había nada. Mi mundo se acababa en esos tres metros. No necesitaba pensar en lo que habría tras ellos.... Llevar mis pasos tres metros más hacia delante: ése era el único sentido de mi humilde existencia....
h.m.